La Coruna Playa del Riazor

Pechos, cristales y lámparas

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# Santiago de Compostela / La Coruña, Galicia, España #

En Galicia exactamente un año más tarde. Un año después de la boda. El viaje a la boda de mi amigo Marcos: ¡algo indescriptible! Desde la ubicación, en el Palacio del Ayuntamiento en la Praza do Obradoiro, donde se encuentra en su serena majestad la magnífica Catedral de Santiago, Santiago de Compostela, la ciudad que me vio durante un año luchar con sus calles, sus fuentes, sus galerías, sus bares y sus iglesias. Una ciudad con una doble personalidad, la religiosa y la universitaria-laica que en las noches compostelanas se mezclan en las figuras de los peregrinos bebedores o borrachos que se tambalean por sus calles estrechas. Exactamente cuatro años después del programa Erasmus y del período de “Trabajos de investigación al exterior,” me encuentro de nuevo viviendo en Galicia, a un tiro de piedra de mi Santiago.

Estaba hablando de la boda, claro. Los de Marcos y Olga. El año pasado. Ese fue el día en que conocí a Inés. Rubia “natural”, me dijo con voz firme, fulminándome repentinamente con su mirada dorada. Sí, sus ojos son de oro. No es una metáfora. Realmente el color de sus ojos está cerca de los de la “Phra Maha Suwan Phuttha Patimakon” thai, el Buda de oro de tres metros con las piernas cruzadas en un pequeño complejo de templos de Wat Traimit. Y es uno de los tesoros más preciosos de Tailandia y del budismo. Así escomo creo que serán los ojos de Inés para los que van a estar a su lado. Es preciosa y increíblemente encantadora cuando sonríe. Sólo cuando lo hace. Y ella guarda celosamente sus sonrisas.

Conozco bien Galicia y muchos de sus pueblos y aldeas de las rías, fiordos reales de extraordinario encanto que hacen de esta una parte única de la costa atlántica. Conozco las tradiciones, la gastronomía, la hospitalidad de la gente y la belleza de sus ríos, montañas, rocas y su verde que te deja sin escapatoria chocando en toda su naturalidad frente a tus ojos.

Hay dos tipos de actitud en la relación inmediata con los lugares en los que nos encontramos viviendo, o en los que pasamos un tiempo determinado o que implemente miramos por un par de horas: están los que tienen la cara dura y la corteza cerebral aún más estable y pasan el tiempo tirados en las calles, acaparándose emociones y experiencias, tratando de conocer personas y lugares, reconociendo rostros y miradas. Luego está el que se enquista, en busca de un lugar en la cavidad que aloja de refugio, separándosedel mundo que le rodea o más bien tratando de recrear su condición ideal de vida en el pequeño mundo de su casa o en algún interés que condivide.

Tengo descaro. Tengo atrevimiento.

Hay aproximadamente veinte grados hoy. Hay gente en la playa: Me han dicho que este es el primer día de sol caliente desde hace unos meses. El placer de las playas españolas es el número desproporcionado de topless. Es normal. Y así te encuentras hablando con la chica que conociste un par de noches antes intentando mirarla en los ojos. ¡He dicho intentando!

Aquí están las formas. Peras, vasitos por el champán, cerezas, melones, granadas y sandías. Hay las maduras, las que permanecen colgando por el demasiado sol, y, en fin, están las podridas que están prácticamente ya en el suelo.

La Coruna Playa del Riazor

La Coruña tiene más de dos kilómetros de playas y todas han recibido la Bandera Azul: Es un placer pasear por el paseo Marítimo y observar el elemento típico de la ciudad que brilla y refleja el sol por todas partes. Son las vidrieras, “los cristales”, utilizados por los edificios para mantener la luz y el calor el mayor tiempo posible, especialmente en los meses de invierno. Observo con admiración la belleza de los elementos decorativos y estructurales. El blanco es el gran dueño de la ciudad y expresa su belleza en contraste con el color de las costas y las escolleras.

El viento sopla casi siempre. No es raro encontrar jóvenes que surfean y compiten con el viento y las olas. Hay algunos que zarpan, algunos que hacen inmersión, y otros piragüismo. Los faroles de la calle, junto a los cristales de los edificios, son la primera cosa que llama la atención en el Paseo: acero, blanco, con una sola lámpara o, a según las áreas. Las situadas en los puntos más importantes suelen ser como racimos de uva invertidos, como, por ejemplo, la transición de la Playa de Orzán a la de Riazor. Riazor es tambien el nombre del estadio de la ciudad en el que juega el Deportivo de La Coruña, el equipo de la ciudad, que por desgracia este año se encuentra gravemente amenazado por el descenso a segunda división. El estadio se asoma en la principal homónima Playa, ¡de casi seiscientos diez metros de largo!

Darsena Maritima Los Cristales

Pero ya habrá tiempo para ver todas la playas y próximamente os mostraré las diferencias que puedan existir entre ellas sobre todo por las personas que las frecuentan. Las tres playas que he observado hasta ahora, Riazor, Orzán y Matadeiro son similares y juntas forman una bahía en forma de concha que parece abrazar y besar al Atlántico. Riazor es muy popular entre las familias y los niños, las otras dos están llenas de grupos de jóvenes. En particular, cuando hace mucho viento, la única playa en la cual se puede estar es la de Matadeiro, que está protegida por todos los lados, un pedazo de playa puesta allí como un golpe repentino en la cara. Incluso la parte final del Orzán está bastante protegida y frecuentada por gente joven.

Muy agradables son los restaurantes, los bares y los salones que dan al mar. En particular, hay dos: el Moom57 y La Playa, los más activo y curados en los detalles de la zona, pero también los más caros. El primero, Moom57, lo aconsejo por un cóctel por la tarde o para bailar de noche en el fin de semana. La música es europea, la típica de Europa. Lo importante es que no llevéis ni gorra ni zapatillas deportivas porque será la causa que no os hará entrar. En la entrada hay también un buen manual sobre cómo presentarse para entrar. La Playa trabaja durante el día, en la parte que da a la calle, como un restaurante y bar de tapas. Se come muy bien pero es un poco caro. Se justifica el precio por la hermosa vista del océano. En la planta baja se encuentra el Playa Club, discoteca frecuentada principalmente por jóvenes de menos de veinticinco años, con grandes ventanales con vista sobre la Playa del Riazor en la parte entre el Estadio y el obelisco Millennium, conocido como Punta Mexillosa.

Detalles

Por ahora mi playa favorita es la del Matadero, bajo la estructura de La Casa del Hombre, ya que siempre está llena de gente joven e iluminada por el sol hasta las 21.30. Pero de esto y de los museos hay muchas cosas que decir. Pero no ahora.

La vuelta a casa es un placer: se pasa por todo el paseo hacia el Obelisco Millennium hasta llegar a la cerveceria Argo. La suerte quiso que la casa queda encima de este lugar que te da de comer hasta las once y media de la tarde y Fernando, el propietario, está ahí, siempre dispuesto a darte una cerveza ya sea la excelente Alhambra Reserva, cerveza rubia de un sabor tostado u oscuro, o sea una Mahou Negra, que está a punto de reemplazar la negra cerveza alemana en mis pensamientos, la Kostrizer de las noches berlineses.

Además, la zorza no se niega. Nunca. Fue mi salvación el 23 de abril cuando llegué lleno de hambre a esta ciudad a las once de la noche. Y así, de inmediato he vuelto a lanzarme en la gastronomía española, aunque porque yo no soy un Ferran Adrià Acosta y la mayoría de las veces voy descubriendo lugares donde comer, tanto por el sabor como por el precio (¿calidad y economía son conciliables? ¡En la gastronomía sí!)

Playa del Matadero

Y ahora que pienso en el chef catalán y en sus platos también me parece una muy buena vista su concreta cocina en el paisaje de la mañana que llena mi alma y me apresura a la ventana de nuestra casa, en la Avenida Labañou número ocho: un contraste de colores, sabores y temperaturas. El gris de la mañana que se convierte en un pajar en el almuerzo y luego muestra todo el oro del sol que hasta las siete de la noche, cuando comienza a bajar la dulce naranja mezclada con el azul que, mano a mano, abarca todo convirtiéndose en azul cobalto, oscuro, y luego el azul misterioso de la medianoche. Los colores del mar, el blanco del paseo, de los vidrios y cristales que brillan en su choque, de las interminables playas, de los ejércitos de las gaviotas y los perros, y de sus dueños. El frío de la mañana, la sombra y el viento. El calor del día, el sol y el hogar. El frío de la noche. El sabor del mar.

Aquí La Coruña como una placa de Ferran, una experiencia nueva cada día que pasa y que puede causar humor e ironía: ¿De qué manera? Con mi compañero Marcos que regularmente, todos los días, regala por toda la casa las actualizaciones del “tiempo que ha hecho, está haciendo y hará” durante toda la semana. O en cenas dispersos en la casa de amigos que muy a menudo terminan con un “mira, pero como hace frío, ¿por qué no nos quedamos aquí? Tiene sentido salir?”

Y así se sigue hablando, un poco más, todavia un poco más…

Colores de La Coruna

¿Te imaginas las personas que comen una pintura? Insertar una imagen en el cuerpo de la gente es probablemente el sueño del artista, y tenemos la oportunidad de hacerlo (Ferran Adrià Acosta).

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