Parque Santa Margarita

Ortigueira, la fuerza del pino y el olor del eucalipto

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#Ortigueira, Galicia, España#

En el medio del “Pinar”, el bosque de pinos de Ortigueira, un pueblo de siete mil almas en que durante cinco días en julio alberga, desde más de veinticinco años, el segundo festival más importante de Europa de música popular, el “Festival Internacional do Mundo Celta de Ortigueira”. Y así, en sus calles y en sus lugares se vierten miles de personas de todas las edades. Este año, me han dicho, somos mucho menos. Cincuenta, sesenta mil a lo sumo. Pero hace unos años llegaron a tocar los ciento cincuenta mil visitantes.

Festival de Ortigueira

En tienda. Estoy en una tienda de campaña para la segunda vez en mi vida. Si contamos el campamento de Mónaco de Baviera en un camper, la tercera vez. La primera vez para mí fue hace sólo un año. Estaba con Antonio y Filippo, en una villa privada en Lago Patria, donde un chico de mi edad, hace muchos años, organiza el Festival Palomart. Había gente de toda Europa. Español en su mayor parte y se transformaba, como en Ortigueira, en un pueblo hippie de los años setenta. Todo está permitido.

El Palomart era secreto hasta el año pasado. Se organizaba cada año en diferentes países y en diferentes villas: este año tuve la invitación a Ibiza a finales de agosto. No creo que iré por allí. Ya no es secreto y mueve mucha gente. Todo comenzó en 2006 en Lago Patria con la idea de Antonio Paloma “1 tienda, 1 traje de baño y 1 sonrisa”, los únicos requisitos elegibles para participar en lo que fue un “Festival doméstico’. El año pasado tuve ninguna invitación y tuve que pasar por un gallego de Santiago de Compostela durante aproximadamente una hora a las puertas de la finca. Por suerte, el lenguaje me ayudó. “Estos son los beneficios de conocer los idiomas”, me dije a mí mismo. Se pagaban unos veinte euros por día durante tres días fueron sesenta. Dentro de esta finca: piscina, espacio para el camping, teatro y conciertos. Valor añadido: bar abierto a todas las horas del día y de la noche con un buen néctar divino en tu vaso personalizado que te llevabas estrictamente ligado al cuello. Música, siempre. Libertad absoluta.

Cada tarde se alternaban sobre los palcos cantantes y grupos que tocaban varios generos, mezclandolos e inyectando emociones. Durante el día, talleres de creación de máscaras, de yoga, y filosofías similares, teatro. Y la comida también estaba incluyda en lo que pagabas a la entrada. En resumen, una vez sacados de tu bolsillo 60 euros vivias durante tres días olvidandote de todo. Muchas veces de vestirte también. Fuera del mundo pero en el mismo tiempo en su corazón. Fui ahi con Antonio y Filippo, dos viejos amigos del colegio. Antonio es el hermano de mi mejor amigo Gennaro. Con él hay una relación de conocimiento que dura desde mucho tiempo, pero en realidad empezamos a hablar un poco más que el año pasado por estas fechas, antes de irme a mis vacaciones de verano y antes del tiempo de Berlín de octubre. Antes de terminar mis dos años con la empresa Miele & Musica. Antes que Gennaro regresara de su trabajo en Bulgaria.

En resumen: “Antes”. Y estábamos hablando sobre qué y cómo invertir. Al principio, me acuerdo de la idea del aluminio y la recolección de este material que se vuelve más valiosa a medida que se encuentra siempre más dificil de conseguir a través de una acción sinérgica con los restaurantes y bares para la recogida de latas. Después recuerdo la idea de aplicaciones para dispositivos móviles y los estudios de Antonio sobre la riqueza acumulada por nerds jóvenes para lanzar una aplicación: como la que te reconoce una canción como Shazam o te localiza la posición (“geolocalización”, una palabra que está tan de moda hoy en día) o, a veces te hace el café y te pregunta cuántas cucharaditas de azúcar quieres. Y luego estaba con nosotros Filippo, el solitario y nómada errante. Debo haberlo visto dos horas en tres días. El tiempo del viaje. Antonio es del ano ochenta y cuatro, licenciado en Derecho, ha estudiado en Nápoles y Milán. Ahora está tratando de encontrar el camino correcto. Siempre fue el guapo de las escuelas que asistió. Su semejanza con el cantante Gianluca Grignani es obvia. Filippo vive en Nápoles y es un sin rumbo por ahora. Estudia, trabaja un poco en una editorial y toca. Canta muy bien también.

Palomart Festival Ibiza 2013

Pero volvemos a hablar de Ortigueira. Estoy aquí acampado, en un bosque de pinos, con un grupo de quince personas. Son todos galegos y son todas personas que he conocido en los últimos meses. Hay el mi amigo Enrique y luego estas personas que conocí una vez en la noche de barbacoa con sardinas y carne (Sardinada y Churrascada) al bar de Vane “Las Estaciones DOS.” Se llama así porque se encuentra en la confluencia de las carreteras que unen la estación de autobuses y la estación de tren de La Coruña. Y es justo a lado de Atelier Grafica Visual, una empresa en la que estoy trabajando desde hace tres meses. Pero de mi trabajo tengo que hablar en otro momento, muy pronto. Estaba hablando de Vanessa y su bar. Prácticamente tengo aquí el desayuno y el almuerzo, todos los días. El desayuno con el habitual “Café con Leche” y la torta hecha por ella que cambia casi todos los días. Mi favorito es la de manzanas. Deliciosa. Y, en este punto, que entra en mi cabeza Quique repitendo una publicidad española de los años noventa de Nescafé Cappuccino que se convirtió en un eslogan. En el almuerzo tengo muchos platos entre que puedo eligir.

Vane siempre me pone un trozo de tortilla para abrir mi estómago y luego eligo mi tapa del día. Lasaña, zorza, el Raxo, calamares, albóndigas, el revuelto y mucho más. Y decido si dejarmelos servir con patatas, con ensalada, salpicón o con los guisantes. Como muy bien. Pero sobre todo, me río. He conocido todo el mundo que pasa por este bar y son amados por la mayoría de la gente que como yo pasa la hora del almuerzo al “bar de de Vane”. Siento cariño y respeto. Abrazado la mayoría de las veces. Me siento como en casa. Es importante contar con lugares como este en cualquier parte del mundo uno se encuentra pasando una parte de sus vidas. Son puntos de referencia pasajeros, pero al mismo tiempo eternos y permanentes, en la memoria de las emociones compartidas.

Parque Santa Margarita

Sigo hablando de Ortigueira. Me siento como el protagonista de algunas películas de guerra, epico, estilo Treciento. Me veo proyectado en la escena inicial de Gladiador cuando se vean los campos, pero, más allá del bosque de pinos hay la playa y el mar, como en Troy. Acampamos en la parte elevada. A nuestros pies tantas luces de fuegos artificiales en la noche. Es una buena sensación. Esta es la segunda y última noche, tomo notas con mi smartphone! Han sido dos noches especiales, conociendo un pueblo extranjero en una especie de “castra” del Imperio Romano.

Y me he encontrado proyectado en los discursos que hice hace unos meses en Berlín, en materia de drogas. Ahora estoy tan bien documentado que me considero un especialista. Prácticamente este festival es también conocido como el festival de la droga. Es extraño para mí que me divierto sin tomar nada o, al maximo, beber un poco de cerveza o ron y cola. Me encuentro casi sin dormir, “De rengancha” como dicen aquí. Entre el bosque y el país hay dos kilómetros de distancia para ir a la fiesta hasta las seis, aunque incluso en este pinar hay dos espacios abiertos durante la noche que se utilizan para hacer fiestas totales.

El festival es completamente gratuito, así como el campamento. Así que sólo hay que poner el dinero para la gasolina y peaje, algo de comer y tienes tres días del fin de semana para divertirte si trabajas. Más si no lo haces. He conocido a un par de grupos musicales que a partir de mañana estaran en mi lista de reproducción como los Gwendal y los Kan.

Cuando termina el concierto, a las 5:00 de la noche, se pasa al bar Caracas que queda cerca del puerto donde se celebra el concierto, y luego se regresa al campamento. A dos kilómetros de distancia, donde la fiesta continúa hasta el mediodía del día siguiente. Así he hecho y luego me he puesto a dormir en la playa. La playa debajo del pinar es un área protegida por la flora y fauna que tiene. Es una Ria con una playa muy suave, magnifica.

Termino de escribir hoy, el último día. Son las tres de un domingo particular. En poco más de una hora me pongo en el coche con Gabry, Laura y Quique y vuelvo a la “Ciudad en La Que nadie es forastero”. Aprovecho un poco más de la sombra del bosque de pinos y del sol que a veces se arrastra a través de las ramas que tratan de llegar a algunas partes de la tierra. Todo en el alrededor el olor a eucalipto, un árbol típico de Galicia. Miro los pinos. Su fuerza. Siempre he estado fascinado con el orgullo de árboles como el pino o ciprés, típico de los cementerios (A la sombra de los cipreses y en la urna confortada por el llanto es tal vez el sueño de la muerte menos dura? … Tumbas, Ugo Foscolo).

El pino me recuerda a mi abuelo. Abuelo Francesco. El abuelo que me pidió que le diera un abrazo antes de acostarse en la cama y dejarme. “Fioravante, dame un beso.” Murió de un ataque al corazón. Yo tenía cinco años. Poco más de sesenta él. Estábamos en Santa Maria di Castellabate, donde mi familia tiene una casa de verano. La noche anterior habemos corrido juntos. Me encantaba hacer los retos con mi abuelo. Era un pedazo de hombre. Serio y orgulloso, te miraba con sus ojos azules profundos y te obligaba al respeto inmediato. Siempre fuerte y decidido, en cualquier dificultad, como un pino se mantiene seguro en la tormenta. “Recuerden, la tormenta es una buena oportunidad para que el pino y el ciprés muestren su fuerza y su estabilidad”, dice Ho Chi Minh. Probablemente con mi abuelo, tuve mi primer encuentro con la responsabilidad. Me encanta la tormenta, me hace sentir vivo. No habrá paz sin ella. Los contrarios son tales porque encuentran su identidad en la reciproca oposición. Un poco como la felicidad y la tristeza, el amor y el odio, el bien y el mal. El uno no existiria sin el otro. He aprendido a resistir a los tiempos oscuros, a sobrevivir a las derrotas. El carácter se forja cada vez más en las desepciones que sobre las glorias. Y aún hoy siguo haciéndolo. Siempre.

Particulares de un parque

Es hora de partir, otra vez.

Un abrazo rápido, intenso y sincero. Está siguiendo tus pasos, persiguiendo a los pensamientos que ya no tienes para mí. Sólo para ti.

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